Hoy luce como uno de los mejores estadios del continente, el buen mantenimiento de su gras, los cuidados de sus instalaciones han hecho que el antiguo Estadio San Martin se vea muy bien.

El recinto san Martiniano fue inaugurado el 9 de junio de 1961 y fue diseñado originalmente para albergar los encuentros de la Segunda División del Perú. Tras la descentralización del fútbol profesional peruano en 1966, albergó instancias finales de la Copa Perú y también se convirtió con los años en escenario ocasional de encuentros de la Primera División.

El coloso deportivo ha albergado también partidos de fútbol en competencias internacionales como la Copa Libertadores de América y la desaparecida Copa Merconorte. Desde su remodelación en 1995, Sporting Cristal ejerce aquí su condición de local, y desde 2012 el nombre del recinto fue cambiado a “Estadio Alberto Gallardo” en honor al delantero peruano Alberto Gallardo Mendoza, ídolo máximo del club cervecero.

Quienes tuvimos la oportunidad y privilegio de conocer el estadio en la década de los 70’, 80’ podemos dar fe que no era ni la sombra de lo que hoy es. Pero si se extraña las cuatro torres de iluminación que se utilizaban cuando se jugaba de noche, aquellas torres medias oxidadas por el paso de la humedad y el tiempo, pero le daban una prestancia y elegancia al estadio y es que eran pocos los estadios que contaban con iluminación en aquellos años. El gras no era el que todos querían, pero eso no se dejaba notar con los grandes encuentros entre equipos de la época.

Es ahí precisamente donde muchos hinchas celestes antiguos empezaron a dar sus primeros gritos de aliento, la primera garganta enronquecida al ritmo de la antigua barra en la tribuna oriente. En lo personal recuerdo la primera vez que fui al estadio San Martin año 1978-79, bien acomodado en la tribuna oriente al lado de mis padres quienes no me dejaban que vaya a la barra. Pero en aquellas épocas de mi vida ya daba indicios de mi rebeldía. Es así que rompí la cadena y fui al encuentro del ritmo de las tablitas, la conga, el inflador, me bañaba con los papeles picados que caían desde arriba de la tribuna.

A la salida del equipo desde la tribuna occidente ya visualizaba la camiseta celeste manga larga, short blanco y medias bancas con las tres líneas celestes muy característicos, sin duda fue mi primer y único amor a primera vista. Ese día Cristal jugo con un equipo de camisetas rojas (no recuerdo el nombre) ganamos 2 – 0. Lo anecdótico es que no me sabia las canciones de la barra, pero igual las trataba de cantar y más de uno volteaba a mirar quien era ese pibe cantando con su voz inocente.

Quien me llamo más la atención por su estilo de tapar fue el Ramón Quiroga, un loco que usaba los pantalones largos, gritaba (una voz inconfundible), hacia sus famosas voladas, salía del arco repartiendo pases, la gente lo celebraba “buena loco” le decían. Por ahí un morenito que cada vez que tomaba el balón dribleaba a sus marcadores, atrevido, encarador, guapo para la gambeta, elegante en su juego, Julio Cesar Uribe.

En la defensa un impasable de talla promedio pero que ponía respeto Héctor Chumpitaz. Junto a él uno que ponía la pierna fuerte, que no te perdonaba nada Rubén “panadero” Díaz. Al lado de la tribuna oriente uno que iba y venía, cuando tenía el balón corría y no podían pararlo Juan Carlos Oblitas. Y como no acordarme de aquel que se comía la cancha, un “mordedor”, se tiraba al piso, empujaba, recuperaba los balones, se despeinaba con el trajín en el campo de juego, Alfredo Quezada el popular cuatro pulmones.

Al término del partido los hinchas esperaban afuera el microbús celeste, subían los jugadores luego de la victoria, conforme se acomodaban en sus asientos los miraba sonriendo, mi viejo me cargaba en sus hombros, yo gritaba al igual que muchos: “loco, loco, loco” él muy sonriente alzaba la mano y saludaba, hubo un momento que saco la mano por la ventana y lo estreche con un saludo era el arquero argentino Ramón Quiroga, todo un personaje en la cancha.

El sobradito era Oblitas pero lo dejamos ahí, los demás atentos al saludo del pueblo celeste. En esos tiempos era complicado tener una cámara fotográfica y registrar esos momentos inolvidables, tan solo la memoria y el corazón pudo registrar lo vivido.

Ubicación única

Una de las peculiaridades del recinto deportivo es que se ubica a orillas del río Rímac, uno de los ríos de mayor longitud del Perú. Además, el estadio se encuentra en la triple intersección de tres de los distritos más populares de Lima: el Rímac, San Martín de Porres y Cercado de Lima.

Debido a su concurrida ubicación, sus puertas dan al intercambio vial de Caquetá sobre la Carretera Panamericana Norte y que se conecta con el Sistema Metropolitano a través de la Estación Caquetá.  Estas características lo hacen un recinto de fácil acceso y evacuación.

En la actualidad es uno de los pocos estadios servidos por este medio de transporte masivo.

Inauguración y primeros años

La construcción del estadio corrió a cargo del Comité Nacional del Deporte con la ayuda de la Asociación Central de Fútbol. Fue inaugurado el 9 de junio de 1961 con el partido entre Defensor Arica y KDT Nacional por la Segunda División del Perú. El evento inaugural contó con la presencia de Alfonso Villanueva Pinillas, Ministro de Educación Pública de la época. El estadio tenía originalmente una capacidad para 20 000 personas. Fue inaugurado con el nombre de “Estadio Fray Martín de Porres”, en honor al fraile afroperuano Martín de Porres Velásquez, y tras su canonización en 1962 cambió su nombre a “Estadio San Martín de Porres”.

En los años 60’ fue el principal recinto deportivo en que se disputaban los encuentros de la Segunda División Peruana y ocasionalmente albergó algunos encuentros de la Primera División. El estadio San Martín comenzó a usarse también como escenario de instancias finales de la Copa Perú tras la descentralización de la Liga Peruana de Fútbol en 1966.

El 15 de abril de 1979 Sporting Cristal jugó en este estadio y vapuleó 7-0 al Alfonso Ugarte, logrando unas efemérides doblemente históricas: fue su primer partido y mayor goleada por campeonatos nacionales jugando en este estadio.

Los goles en aquella jornada histórica los anotaron Percy Rojas (3), Roberto Mosquera, Julio César Uribe (2) y Juan Carlos Oblitas. Cristal jugó como local el resto de la temporada en el estadio santo y se consagró campeón de ese año. Con el paso del tiempo el uso del recinto deportivo se volvió muy esporádico, el 9 de agosto de 1989 el San Martín albergó su último partido profesional antes de su remodelación, fue durante el Torneo Plácido Galindo cuando Defensor Lima derrotó a Deportivo Municipal por 2-0 ante solamente 139 espectadores.

El año 1995 el club Sporting Cristal firmó en julio de 1995 un contrato con el IPD en donde se comprometía a introducir las mejoras necesarias en el estadio para convertirlo en un escenario de primer nivel. El contrato se firmó originalmente por tres años, y luego se alargó por doce años más.

Antes de su reapertura, el club celeste se encargó de acondicionar estacionamientos para los vehículos de los aficionados, pintar y apuntalar las tribunas, construir baños, camerinos y bancos para suplentes, levantar una malla olímpica alrededor de la cancha y acondicionar el gramado del estadio. La inversión hecha por Sporting Cristal en la remodelación del estadio superó los $280,000.00 (doscientos ochenta mil dólares). Finalmente, el 24 de setiembre de 1995 se reaperturó el remodelado «Estadio San Martín de Porres», con el triunfo de Sporting Cristal por 6-0 ante el Cienciano. El club Sporting Cristal cuenta con el derecho de usufructo del mismo hasta el año 2022 la propiedad de sus instalaciones es del Instituto Peruano del Deporte.